lunes, 3 de junio de 2013

Breve escena de teatro, breve cuento, breve encuentro.

Miroirouge

Breve escena de teatro, breve cuento, breve encuentro. 





                                   



Madre,  tú que has alcanzado la inmunidad de la carne, dime si acaso es pecado oler. Aspirar el pasado adherido al perfume de un hombre, en cuya  esencia habita el  sudor infectado  de mil mujeres,  mientras  bailas colgada a su cuello.

Cuéntame  si al dejarme arrastrar por las sospechas del instinto hasta el rincón más celoso del apetito, para entrar en él, desclasa, con cuidado de no despertar los demonios que moran en la piel, me condeno a un recorrido eterno por el paraíso de la lujuria. ¿Acaso hago mal al abrirle las alas al deseo?  ¿Al  querer deslizar como hilos invisibles mis dedos por su cabello buscando desnudar sus lóbregos pensamientos? ¿Es pecado, madre? ¿Me condeno al infierno al dejarme elevar con el recuerdo de ese aroma que entra  como helio hirviente  en más que mis pulmones?

Si lo que sentí aquel día, si todo esto que retumba en mis entrañas, si lo que hoy  persigue mi conciencia, si a este calor que me rodea se le llama pecado, entonces recibo mi penitencia, aun sin entender las leyes de una iglesia que jamás escogí.

 Antes de ir a la cama  arrodillarte al borde la cama. Junta las manos y pide al ángel de tu guarda que custodie tu sueño. Aprende de memoria el padre nuestro. Padre nuestro que estás en los cielos y todo lo ves y todo lo sabes aléjame de las tentaciones. Limpia mi memoria de los recuerdos de aquel día. Ata mis manos a esta pluma para que después de la poesía no puedan volar  más  allá de este espacio. Condéname a la quietud, a la mudez, a la esterilidad de las sensaciones.

Madre, tú que has caminado el desierto de los hombres esquivando sus arenas movedizas, háblame sobre ese padre al que le debemos todo, dime si me juzga por haber olido, por haberme dejado impregnar por el  bálsamo prohibido de la excitación. Padre, si todavía me escuchas, libérame de la danza. Desata esta cadena que abraza mi cintura al presentir sus manos sobre ella. Arde madre. Lastima.




              



Tú que has gastado  la mitad de tus días desatando los nudos de los prejuicios, dime si  al llevar esta carga  me entrego al peligro de querer perderme una y mil veces más en la turbulencia de  mares  teñidos en  ojos  llenos de trampas. ¿Acaso es pecado desear  bañarse en la sal de otro y sentirse cómodo con el ardor de su saliva cayendo sobre las heridas? ¿Corro así el riesgo de volverme esclava de  sus ojos caleidoscópicos? ¿A la persecución perpetua  de la  terquedad que concluye en el vacío? ¿Qué se siente madre? ¿Qué nos queda de la caída? ¿Perdemos movilidad en las extremidades? ¿Se quebrantan  nuestras alas? ¿Allí abajo se acaban los sueños? ¿Comienzan? ¿Duele madre? ¿Cuánto dura su dolor? ¿Tenemos conciencia de su peso? ¿Se anuncia su final? Quiero oler madre, me gusta oler y dejarme trastornar por la esencia de los hombres  que traen espinas. ¿Son venenosas verdad?

Tú que soportaste tantas, cuéntame  sobre el  antídoto. Descubre tus heridas. ¿Aún sangran? ¿Es verdad que las plegarias ayudan a cicatrizarlas? ¿O están tan abiertas como lo están ahora tus ojos mientras me escuchas?  Rompe este silencio que asfixia. Clama con una palabra cercana, amiga, el movimiento de la culpa en mis médulas. Interrumpe la música que altera la cordura.

Canto: Ella va triste y vacía llorando una traición por amargura, por aquel que le decía que era su amor y su locura”.



                                                                      


Quiero oler, madre, invitarlo de nuevo a bailar para colgar mi nariz  a su veneno. Padre, tú  que estás en los cielos y   todo lo ves y todo lo sabes, cierra tus oídos. Madre tu que ahora lo sabes todo, guarda mi secreto.

Mientras el cura da la misa, guarda silencio. Levántate. Siéntate. Arrodíllate. Vuelve y levántate. Golpea tu pecho con un puño libre de orgullo. Presta  atención. Guarda silencio. No cruces las piernas. No te rías. Evangelio según San Mateo capitulo 4 versículos 5 y 6. Por mi culpa, por mi gran culpa, por mi grandísima culpa. Baña tu frente con  agua bendita para ahuyentar  los malos pensamientos.  

¿Quién bendice esa  agua madre? ¿Quién me dice si en realidad   lavará el pecado? ¿Cómo pueden  ser cosas del  demonio, encuentros tan nobles, cargados  de alientos traviesos y  tanta vehemencia?.

Me gusta oler madre, quiero oler, eternamente, hasta  desahuciar el sentido. Dejarme surcar  por  los aromas que reviven las fibras muertas de mi piel y volar  hacia mundos insospechados con su recuerdo. ¿Cómo fueron los tuyos? ¿A dónde conducían las rutas  trazadas en  sus caderas? ¿Qué transcribían las escrituras marcadas  en sus rodillas? ¿Cuál era el sabor del licor de sus besos?

¿Guardaba el amargo de las flores salvajes? ¿O el dulce de la primavera soñada? ¿Cuántas veces te embriagaste al beberlos? ¿Alguna vez lo invitaste   a rodar por tus pechos? ¿Tuviste miedo de morir sin probarlos por última vez? ¿Qué palabras alcanzaste  a escuchar mientras sus nombres se hacían dueños del tuyo? ¿Cuántas condenas guardas bajo la falda? ¿Nada en ti se mueve al escuchar mi confesión? ¿Al recordar la  voluntad de la carne cayendo sobre otra  carne?

Desde niñas nos  enseñaron a amar a dios sobre todas las cosas, incluso sobre nosotras mismas. Entonces si ese amor  es tan  perfecto porque no  nos salva de las preguntas que infieren  devastación.

En la semana sagrada no te bañes porque te vuelves pescado.  Apaga esa música. Guarda silencio. Presta atención al  sermón de las siete palabras: ALIENTO. CARNE. LENGUA. INSTINTO. PIEL. SALIVA. CALOR.   Padre por qué  me has abandonado. Tengo sed.
Yo quiero oler madre,  a  mi me gusta oler. Que alguien detenga esas campanas. No quiero más campanas. Yo sólo quiero oler. Arrastrar mi nariz por colinas desconocidas, ocultas en la nuca de los hombres, detrás de sus orejas que todo lo atienden, en sus barbillas que todo lo soportan, en su espalda que todo lo padece. Quiero  con  mi nariz caminar por sus secretos, aun si corro el riesgo de caer entre sus hiedras hasta  perder el aire.

Me gusta oler madre, acumular fragancias en la memoria y encontrar algo de mí entre sus células.

¿A también te gusta oler, verdad? Lo leo en  tu nariz ¿Cuantos polvos  aspiraste al cruzar la línea   que divide la santidad de la humanidad? Descubre tus dientes ¿aún tienes pedazos de la piel que comiste? No tengas vergüenza madre, no calles. Libera tu conciencia. Estás acostumbrada  a la penitencia y al  perdón. Por mi culpa, por mi gran culpa, por mi grandísima culpa. El que peca y  reza, empata. La contrición  purifica.

Dios te salve María llena eres  de gracias, escucha a tu hija. Creo en Dios padre todo poderoso creador del cielo y de la tierra, dale el  perdón a tu sierva. Ángel de la guarda mi dulce compañía no me desampares, no me dejes acercar al borde de la tentación. Cierra mi boca. Ata mis brazos. Vuelve de piedra mi piel. No permitas que las bestias que duermen en el fondo de un mar sin nombre se despierten.

Abre tu puño. No sientas miedo al reconocer el camino que anduviste en las palmas de tus manos. Sé que no aguantas más. Sé que a ti también te gusta oler. Sé que confundiste la devoción con el sacrificio, con el olvido. El amor todo poderoso con el propio. Nuestro padre sabrá entender. Si su corazón está hecho de tanta bondad como dicen, sabrá entender, si es bueno como dicen, conoce sobre el respeto.

Perdóname, Madre, perdóname por tratar de limpiar mi culpa con el desprendimiento de la tuya. Somos necias madre, egoístas. No te alejes. Frente a  quien más sino a ti y sólo hoy, puedo volcar mis pensamientos. Gracias, gracias por cubrir con tu mano tierna este instante.
¿Recuerdas  que cuando niñas gustábamos de  de cazar mariposas? Nos sentíamos dueñas de su color y tan sólo acumulamos muertes. ¿Eso también fue pecado? ¿Eso nos condeno a perder nuestro color? ¿A anunciar nuestra muerte? ¿Conservas aún tus diarios? ¿En ellos palpitan todavía las preguntas de aquel tiempo? Lo sé, fueron  pecados menores que se quedaron atrapados en la inocencia que también perdimos al reconocer los deberes de la carne.

Ya no somos las mismas. Ya no  creemos en discursos de princesas que olvidan zapatillas de cristal o que bailan con enanos. Tu y yo ahora sabemos que eso del fueron felices por siempre no existe y que la única eternidad que nos pertenece es la de la imaginación y  que para abrirle la puerta es necesario sentir, oler, tocar, Vivir Madre. Vivir, vamos a vivir.
Levántate de ese trono impuesto por otros e invitemos a los hombres a bailar para escarbar en sus cuellos. Coleccionemos de nuevo la muerte de los días que visita  el jardín, ahora con la  satisfacción de  robarles más que  sus colores. Quizás su tinta nos acerque a la libertad al servirnos como historias para los libros que también soñamos. ¿Acaso Dios nos puede juzgar por eso  también? Por derramar  nuestros más íntimos  deseos en los renglones de las hojas que el azar nos traiga?

No es blasfemia Madre, es creación. Y la creación nunca podrá ser castigada. Que lo diga él, que creó el mundo y todo lo que le carcome. Si fuera pecado sentir, si fuese pecado oler ¿entonces para que nos dio los sentidos y sus raíces? ¿Para qué abrió los umbrales de la sensibilidad? El mundo estaría mejor, de ser así, poblado por rocas.

¿Qué esconde tanto silencio tuyo, Madre? ¿Quieres que calle? ¿Qué me aleje? ¿Qué me arrodille y golpee mi pecho hasta cavar en él una fosa  donde esconder la verdad? No me des la espalda. Permite seguir viendo el reflejo cansado en tus ojos rojos  para reconocer en ellos  mis miedos. ¿Tengo salvación? ¿Existe la salvación? ¿O esa también  es un pretexto de nuestro padre para mantenernos ciegos frente a lo inevitable?

¿El perdón está en dejar que  la ostia de una  falsa comunión  se disuelva en tu lengua? Una falsa comunión, rito de un iglesia hipócrita  que profesa un amor perfecto que no existe?
El amor verdadero se encuentra cuando uno  resbala, en viajar los errores y en el alivio de saltar sus redes. No quiero ser una roca,  Madre, a mi me gusta oler y las rocas no  saben de fragancias.



Diana Carolina Daza Astudillo
Bogotá - Colombia 

martes, 22 de enero de 2013

LA RED DEL DIARIO INÉDITO DEL FILÓSOFO VIENÉS LUDWIG WITTGENSTEIN



( Un  sencillo acercamiento a manera de comentario) 






Enero 22 de 2013


Cuando recibí  la notica de la llegada del  DIARIO INÉDITO DEL FOLÓSOFO VIENÉS LUDWIG WITTGENSTEIN  a  aquella modesta librería clandestina del centro de la ciudad, camuflada en una fachada de relojería (¿o joyería?) sobre la carrera decima, me emocione tanto como cuando años atrás, me informaron que una edición de LA SAL DE LA LOCURA del mismo autor, estaba esperando  por mi. Sin esperar demasiado  corrí al  siguiente día  a reclamarlo.


Fue una mañana de sábado de un mes que no recuerdo, pero  con certeza puedo decir  que eran las diez en punto de la mañana, pues a esa hora se abrían las cortinas del establecimiento. Como una niña  a la entrada de una  juguetería, esperé ansiosa a que aquel libro, que había viajado  desde Buenos Aires, estuviera un mis manos.


Pronto el santo y seña hizo el milagro. Ahí estaba,  una delicada y  sencilla edición cuyo título me  invitaba a entrar  al mundo intimo  de  un filósofo de quien había escuchado, sin preocuparme  por descubrir las capas  de piel de su pensamiento. “Una delicada y frágil edición“, pensé nuevamente. Una delicada y frágil edición que corría peligro en mi poder, pues no sabía la pobre, a que riesgo se exponía al  entrar en mi mochila: Una cueva llena de elementos  con  puntas y texturas de diversos gramajes. Lo más probable era  que esta fina edición no resistiría al día a día, a ese sacar y meter cosas todo el tiempo, ese manoseo de la vida cotidiana.


Quizás por eso, no lo puse  en ese primer   momento  allí dentro,  aquella cueva de tejido  indígena.  Era mejor  llevarlo en las manos y  comenzar a escarbar entre sus páginas de una vez. Avancé  sin prisa entonces por la carrera séptima  rumbo a mi clase de teatro en la Universidad Central y aprovechando  que la ciudad parecía dormida aún, abrí el libro.


Primera sorpresa: no había dedicatoria, asunto que me dejó una gran tristeza, sentimiento que se fue desvaneciendo a medida que comencé la lectura. Fotografía del filósofo en mención. Prólogo. Capitulo uno. Una serie de breves frases ordenadas numéricamente.


Leer mientras vas caminando  tiene cierto placer.  Ese riesgo de estar con la mirada fija en un papel, descuidando la atención en la dirección de  tus pasos, esquivando los huecos y los desniveles del suelo, presentir la llegada a un semáforo e imaginar en qué color esta. ¿Rojo o verde? Intuir los murmullos de la gente criticando: “que falta de responsabilidad  la de este transeúnte, ¿es qué acaso no piensa que con esa actitud  puede tener o ocasionar un accidente?  

A paso  lento, pero firme (como me gusta andar la vida) me iba  acercando a mi destino: la calle veintiuna, al tiempo de ir recorriendo las calles  de aquel  libro, deteniéndome con asombro en algunas líneas como cuando aparecía un semáforo:


1.22  & ese silencio… (                         )  Es el lenguaje que reclama su propia poesía.
2.014 Nadie, por experto que sea en la semiótica, podrá hablar de la humedad que causa a nuestra alma la palabra agua.


2.02 De lo que el hombre se enamora es de la sombra de las palabras. De su sombra al erguirse en la memoria.


20.6 Cada lengua posee su ligera forma de erotismo, su forma de caer sobre un cuerpo.


En esta parte  del libro, fue donde comencé a disminuir el ritmo lento de la caminata  a  uno   l  e  n  t  í  s  i  m  o, para disfrutar aún más (como se debe disfrutar de todo lo que nos gusta)  ese saborear cada palabra, como se saborea un buen beso, una  buena cena, un vino, un paisaje.

Ya no quería entrar a clase, sólo quería seguir caminando por la carrera séptima, caminar hasta donde las páginas del libro se  acabaran. Ahí estaba yo, bajo la sombra de las  páginas del DIARIO INÉDITO DEL FOLÓSOFO  VIENÉS  LUDWIG WITTGENSTEIN, quien  había llegado como un bello regalo esa mañana.  Ahí estaba, abstraída de la realidad, flotando del asombro ante aquella obra. 

Nunca un recorrido de la calle diez hasta la calle diecinueve había  tenido ese color, ese aire. Aquella compañía no esperada, acompañando milímetro a milímetro mis pasos, esas palabras alimentando mi emoción, cada intervalo de mi respiración, fue un inolvidable viaje. Como lo logran esas lecturas que dejan esa  sensación de triunfo,  admiración y hasta envidia.

La elegancia digna de las cosas simples, esa estructura casi perfecta por lo digerible y estremecedora, esa pasión derramada  como lágrimas sobre las páginas como alguna vez lo sugirió Silva, es la pasión  a mi manera de ver, como están escritas estás páginas:


2.12 No escribas para que te lean; escribe para que no te olviden.

2.15 La manera de escribir es una especie de máscara tras la cual el corazón hace las muecas que quiere.

2.1511 Escribe todo lo que quieras &  verás que de todos modos serás, siempre un extranjero, un extraño.

2.2 La lectura debe ser autista. Milimétricamente lenta. Que la baba moje el  corazón.


Cada vez más  me acercaba  al  punto de encuentro de la  clase de teatro, entonces comencé a desear con todas mis fuerzas que el maestro tuviera un retraso prudente, de media por lo menos, para que antes de entrar pudiera terminar la lectura o que la llave del salón se perdiera  por equivocación en algún bolsillo. Esa fue la primera vez que sentí  cuanto se puede  prolongar la magia de  los minutos,  si así lo deseas. Mientras tanto seguía avanzando por aquellas calles:


3.01 Todo lo que amamos, si no se puede decir, se habrá perdido para siempre.


3.0321 Como todos los grandes enamorados, me gusta la delicia de la perdida de mí mismo, en la que  el gozo de la entrega se sufre por un instante & su muerte se recuerda por toda una eternidad.


Al final,  las súplicas  al dios del tiempo tuvieron efecto. El maestro no llegó tan puntual como las clases anteriores además, del retraso de varios de mis compañeros aumento la posibilidad de demorar  cada vez  más la hora de inicio. Con todo esto pude terminar en calma el DIARIO INÉDITO DEL FOLÓSOFO VIENÉS LUDWIG WITTGENSTEIN del poeta colombiano Fredy Yezzed López.

Al salir de clase tuve la sensación de querer devolverme  por la misma ruta, caminando, leyendo este  libro, al mismo ritmo, para dejarme atrapar de nuevo en  esa red invisible que el autor  había tejido para mí, una red hecha  de  cada letra armando una palabra,  cada palabra construyendo una frase, cada frase dibujando una  página, cada página  moldeando el cuerpo del  libro.

Meses después hice el mismo ejercicio pero esta vez por la carrera séptima por el norte, desde la calle noventa y tres hasta la calle setenta, una tarde del mes de enero del año nuevo  entre las cinco y seis de la tarde cuando la ciudad es un monstruo  que parece robarte el aire y la tranquilidad.

Sin embargo, la lectura del DIARIO INÉDITO DEL FOLÓSOFO VIENÉS LUDWIG WITTGENSTEIN mientras caminaba, tuvo el mismo efecto de aquella primera vez  en  mí.  Ese calmar un poco este estado esquizofrénico que no logra callar  esas voces que la persiguen.

Una obra cuando es sincera  puede sorprenderte, emocionarte cada vez que la visitas, dejarte sin aliento, esa es mi sensación frente a este libro:


4.011 El alma es carne, porque también se puede pudrir.


Hay libros que es recomendable leer mientras caminas por la ciudad, espantando la presencia de sus demonios (los de ella y los tuyos). Hay libros que son conjuros que rompen los hechizos que te cargas, sin querer, cuando habitas una ciudad como esta, con tantos miedos cotidianos.

Diana Carolina adaza Astudillo.
Bogotá -  Colombia.
  

jueves, 3 de enero de 2013

SEGUNDA DOSIS DE TRADICIÓN BIZARRA





"Quiero decirles un día que lo logramos con trabajo nada más… Quiero decirles un día que lo logramos sin conocer a nadie y sin vender nuestros principios… " 



Mario Lozano
Director Cuatroespantos 








***


Uno  de  los sabores más dulces que  dejan  las vacaciones (o por lo menos a mi)  es  poder escuchar tranquilamente los discos olvidados que tengo  en el mueble de la música.
“La tradición Bizarra y otras narraciones modernas”  del grupo Cuatroespantos,   llego  a mi casa hace ya dos  años. En mi afán por su promoción alcance a tener 15 ejemplares en mi poder, dentro de esos sabía que estaba el mío. Pero cierto día,  lo busque en el stand  para escucharlo y no lo encontré. Los había regalado  o vendido todos. ¿Y ahora, pensé?


Casualmente (afortunadamente)  tenía  por esos días una cita con mi amigo Mario Lozano, director de la banda y le pedí  una copia (esta  vez  tuve la precaución de traerlo firmado)  algo que me hizo pensar: “Este si  es el mío”, los demás  siempre pertenecieron   a  otros.
Hoy, en el tercer día del año nuevo a vísperas de regresar a  la rutina laboral, lo  puedo   escuchar tranquilamente, como me gusta…. repetirlo  mil veces  sin molestar a nadie y sin que nadie me moleste, para apreciar  cada uno de sus detalles,  sus sonidos, sus códigos secretos. 







Aunque debo aceptar  y Mario Lozano lo sabe,  que  su primer disco “La matraca”,  es  sin duda mi favorito hasta ahora,   pues  indiscutiblemente  alcanzó  a tocar un poco más mis fibras. Pero no por ello, dejo de apreciar  la calidad  de la propuesta de Bizarra, su  exploración, su recursividad, sus composiciones, ese sabor  a esta tierra colombiana (ingrediente que rescato y me encanta de  esta banda desde el comienzo) y lo que me lleva a invitarlos a conocer esta propuesta musical., esta obra de arte sonora.


“La tradición bizarra” no fue un amor a primera vista (por lo menos para mi), o a primer oído,  más bien fue uno  de esos amores que al comienzo no te gustan tanto, no te convencen,  pero  que a medida que lo vas conociendo y le vas  quitando sigilosamente las  diversas capas de su piel,  te seduce, te conquista, te invita a descubrirlo una y otra vez y cada vez  que lo haces  te sorprende.  



Para esta edición  de nuestras libretas libro, repetimos  con  Cuatroespantos  con la  recopilación de experiencias y pensamientos de Mario Lozano  puestas en sencillas pero honestas y certeras frases,  que hacen parte  de su vida en la música y en  esta   etapa  de la banda con   la “La tradición Bizarra y otras narraciones modernas”.  









Quien además para esta edición nos obsequio un par de discos para que,  quien se  lleve  una libreta libro de Cuatroespantos se lleve  también  un  disco  de La tradición Bizarra y otras narraciones modernas  y por el mismo precio. 


Algo así como un bonus track, un super bonus track.



A conocer  La tradición Bizarra y otras narraciones modernas, a conocer el sonido de Cuatroespantos en las libretas libro,  o en sus conciertos,  o por medio de la banda, o por medio de nosotros, o por facebook, o por youtube, la idea es escucharnos, apoyarnos, difundir los trabajos independientes.




Llora la llorona/ del disco Tradición Bizarra/ Track 10 / Animación: Mario Lozano



"Afortunadamente estudié jazz en la universidad… porque ahora para vivir me toca improvisar".

Mario Lozano
Director Cuatroespantos 

















martes, 1 de enero de 2013

OVULUM DE FUEGO / ANTOLOGÍA DE POESÍA FEMENINA











Cuatro  mujeres, cuatro nuevas   voces, cuatro estados alterados por  la poesía reunidas en las páginas de nuestras libretas libro en: OVULUM DE FUEGO /  Antología de poesía femenina.  

Aquí,  una breve muestra de su poesía, de sus viajes. Un abre bocas del trabajo y  talento de estas cuatro artistas colombianas  para que queden tentados a buscar más sobre ellas en las libretas libro y en todas las esquinas del mundo. 



***





Jenny Bernal. Bogotá, 1987. Gestora cultural y cofundadora del Festival de nueva narrativa y poesía "Ojo en la Tinta". Actualmente colabora para la revista Contestarte de la Universidad Nacional de Colombia. En el año 2011 público en Raíces del viento: cinco poetas jóvenes colombianos de la editorial Cuadernos Negros. Miembro del colectivo literario La Raíz Invertida.




TIC TAC

Le pregunto al tiempo
si puede detenerse
mientras finjo que vivo
para que su tic tac
no acelere mi caída.






QUIEN CONDENÓ AL OLVIDO

I

Se dice de quien condenó al olvido
que posiblemente era mujer.
se dice, de aquel olvido
que era la sombra de un hombre.

Se dice
que él derritió sus alas
en un amanecer
y arrojó a la memoria
al pozo donde caían sus lágrimas.

Se dice, que la noche labró una muralla
de letras,
Obligando al olvido a una eternidad
de atrapar grafías que se desvanecieran en sus dedos.



II


Se dice
que una mujer condenó al olvido
a ser un buen libro
 jamás leído.






LA OTRA RESURECCIÓN

Surge su voz
de un lugar desierto
retumbando
en un espacio sin memoria,
escupiendo míseros soplos 
a unos ojos
que han decidido cerrarse.






***





Tania Ganitsky.  Bogotá (1986). Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Javeriana y Magister en Filosofía de la Universidad de los Andes. Ha trabajado como librera, bibliotecaria, traductora y tutora. Ha participado en algunos encuentros de poesía en la ciudad de Bogotá. Trabaja y tiene una beca en la Universidad de los Andes, donde actualmente hace la Maestría de Literatura.





Haiku
El caos baila,
el animal respira;
no se detienen.




También yo
tengo que ser salvada.
y sé que el fuego
sólo perdona la destrucción.
Cada una de mis oraciones
guarda el deseo salvaje
de la nada.
Cada una de mis oraciones
me fisura.






Asistimos a la majestuosidad del fracaso,
adoptamos la postura del asesino.
Nos lavamos las manos una y otra vez;
camino al paredón
balbuceamos algún verso lejano






El silencio de las cosas
reales,
la magnitud de su secreto,
exige que destrocemos
las palabras,
que aceptemos la
verdadera ausencia de
respuesta
y arrojemos la expectativa
al fuego.
Ése es el único ardor que
me deslumbra.









***






Yenny León. Medellín, 1987. Filóloga Hispanista de la Universidad de Antioquia. Obtuvo el I Premio de Poesía Joven Ciudad de Medellín (convocado por la revista Prometeo y el Festival Internacional de Poesía de Medellín) con su poemario “Tríptico” y el I Premio Nacional de Poesía Joven Andrés Barbosa Vivas con su poema “Mujer de agua”. Varios de sus escritos han sido publicados en revistas tales como Prometeo, Contestarte y La Otra, así como en la antología poética “El crepúsculo de la palabra”.







LA COLA DEL ESCORPIÓN




Mis pies son el marco del árbol,
Gotea infinita la aurora…

Sobrevuelo el camino del agua
en una ola vacía.

Siento celos de las piedras,
envidio su inmortalidad.

La cola del escorpión atraviesa la comisura
de mis labios.

Soy mi más amado huésped,
La más tierna quietud.

Mi tronco burbujea sobre el cubo,
abro el pergamino ciego,
leo la noche sobre mi espalda.







PLAYÓN DE SAL




Tengo un cansancio
de hueso
acumulado.

Ya no se me desangran los ojos
en un llanto bajo y salino;
con palabras como picos
me han horadado las órbitas.

Busco derrotar
el origen de mis manos,
partir desde la primera herida de mi cuerpo
y entrar en la lluvia
para abrirme
como ruega el día.







NO ME CULPES




No soy persona recta
ni curva.
Como el tiempo enmarañado
soy nudo de mundos.

No me pidas rigidez
pues surto en telaraña
vinos mezclados
que sangran tu pecho.


No me enseñes el declive
de tu espalda
para rasgarla en soledad.
Puedo hacer sonar tu alma
cual laúd,
alzarte de brazos
desde el naranjo,
ser tu animalesco salvador,
tu laurel verdugo.






No me culpes
por perderme en la orilla
ni por intentar
surcar la noche
sin alas.



 ***





Bibiana Bernal. Calarcá, Quindío, Colombia. 1985. Poeta, editora y minicuentista. Directora de la Fundación Pundarika, Cuadernos Negros Editorial, la Revista Minificciones y el Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala, especializados en minificción. Ganadora del Concurso de Poesía Comfenalco, en la categoría juvenil (2003). Socia fundadora y miembro de la Junta Directiva de la Red de Editoriales Independientes Colombianas (REIC). Ha publicado las antologías Mujeres minicuentistas, 8 Cuentistas Quindianos, 5 Ensayistas Quindianos, Minificción Quindiana, Ellas cuentan menos y el libro de poesía, Silencios de Hadaverde.






Despertar en el sueño
de una manzana
sin morder su carne dulce.
Escuchar
el canto de los gusanos.





No esperes
que la muerte te olvide.
Vendrá por ti
cuando no te queden hojas
y seas espacio para habitar.












Cadáveres como espejos
amplían espacios.
Fragmentos de vidrio
llamando la atención
de los vivos.
Cuánta soledad
en ojos caminantes
que miran sin mirarme.








Encuentro caminos
por recorrer en mis dedos.
Todo despejado.
Sin embargo mis uñas
no alcanzan a cruzar el puente.



Cuánta basura habita
en besos de los amantes.
Sus cuerpos,
sombras marchitas.
Flores cerrando puertas de otros días.