lunes, 14 de octubre de 2013

Norman Paba Zarante.


“te rebasarás y escaparás de ti mismo.
Y tu casa será la soledad y allí aprenderás a amar”.

Norman Paba Zarante.






Un día cualquiera  sales  a  cumplir con  compromisos   poéticos   y  de pronto  y  de  la nada,  como un presagio  de  esta  casa,  que  es  tu ciudad,  te  cruzas  por  azar con  un  rostro  desconocido.  Un rostro que  te  saluda como si te conociera de toda la vida,  como si leyera  los  síntomas de tu enfermedad. Entonces,  descubres  más  adelante  el  significado del encuentro, la causa  de  ese  rostro reflejando el  tuyo: John Coltrane, una lagrima negra cayendo triste sobre una alfombra una y otra vez y  el último trago de Chavela servido en un andén, retumbando en esta, nuestra casa que es la soledad, en esta, nuestra casa que es la poesía y que poco a poco,  nos va convocando  a  cada uno a  la cena, a compartir un pedazo de pan,  comunión fraterna que  nos une, que celebra la palabra y los  encuentros en la palabra.

A menudo me suele pasar este tipo de encuentros. La palabra y sus milagros me persiguen, ya lo he dicho, ya lo he repetido y hoy con la misma alegría y la misma sorpresa y sin tanto preámbulo, presentó ante ustedes una breve selección de la poesía de Norman Paba Zarante, un joven Cartagenero acosado por el fuego de la poesía, un hombre de soles subterráneos y dioses en las manos. Un hombre que ha amado en el abismo y que asiste a la vida como un incendio. Un hombre al que le falta todo por descubrir, al que le falta huir, desdibujarse para reinventarse. Un hombre al que espero leer por mucho tiempo, así como espero que ustedes puedan, conocerlo,  leerlo en este justo momento.





Norman Paba Zarante, el nombre de un hombre que es crimen o magia, un hombre  que como muchos de nosotros, escapa de si mismo para aprender a amar en la soledad. Un brujo que invoca la lluvia cuando su oscuridad canta.



Participación


Me inclino,
el dios que vive en mis manos
también se inclina. 

Todo lo que vive en él
se concentra conmigo en oración,
y por un instante,
ardemos envueltos en el mismo fervor,
por un leve instante,
somos humo que asciende y se hace pájaro
pájaro que surca el espacio hecho luna
espejo de la noche incinerada.




Poema


Dentro de mi pecho
un incendio
y una casa hecha de palabras.
Hablo de soles que celebran su presencia,
de mañanas nacidas para justificar su jardín.
Hablo del circo que allí vuelve con la lluvia,
de los trapecistas
que saltan de un lado a otro de mi corazón.
Y el incendio baila enamorado de la brisa
internándose en su centro, expandiéndose en sus límites.

Casa e incendio son un mismo cuerpo en mi cuerpo.
En su barriga
la caravana y su música, las carpas, los colores,
la respiración, la piel. Todo
es  sacrificado, todo se integra y canta.
Fiebre por siempre, fiebre en mis manos y luz en mi pecho.
Con cenizas escribo el poema.






Vertigo


Convocaré una majestad de niebla
cuyo esplendor
abarque nuestra paranoia de sol subterráneo;
su nombre,
conspirador  entre  oleadas  de crimen o magia,
desatará bestias irreversibles
fraguadas desde otro tiempo circular
híbrido salvaje
de estación iluminada de vértigo.




Maldición Anti – Kipling


Si has podido mantener una calma enfermiza
aun cuando mil caballos embalados
combaten  en el charco de mierda que es tu mente.

Si has amado en el abismo
y  tú eres el único sobreviviente
a  la asfixiante felicidad
del descenso.

Si todos los seres que has sido desde siempre
están brutalmente desesperados.

Si cada mañana  al tomar la Uzi
que intentas negociar
sueñas volar cabezas de soñadores.

Si aún no has enloquecido en los manicomios
donde te confinaron para silenciar tu don profético.

Si  eres indiferente ante la masacre
y puedes mirar tranquilo en tu televisor
la exhumación de millones de invisibles
entonces, hermano,
el mundo es tuyo
y  toda la sucia pureza que habite sus alrededores.





Revelación


Para él
una corona de miedos fundida en la infancia.

También esas jornadas
abarcando la galaxia en gotas de sudor.
Para él todo, de verdad.

Hoy lo he visto navegar en las manos del verdugo,
resplandecer
como la herida de un dios.



El acto más pequeño


En la plenitud está implícito el vértigo.
El pájaro en vuelo
lo sabe,
y lo sabe el martillo del revólver
en  el momento justo.
Todo late, todo vibra,
todo muere y  vuelve a comenzar
porque hasta el acto más pequeño
está colmado de fervor,
porque el mundo completo respira
y  sus flores
borrachas de rocío
se entregan una a una
al poderoso incendio de la vida.





El viaje


Nuestro barco ha zarpado.
Ahora se desliza por las piernas de la noche
y  renace en formas de esperanza y vida.
Y  las gaviotas son relámpagos
que iluminan el camino de las olas hasta la espuma,
y toda isla es símbolo de muerte creciente.
Y la música de las ballenas sube como humo
como  plegaria para el dios de los regresos y los puertos,
expandiéndose, contrayéndose,
en la oración encuentran aliento los perdidos.
Recemos  por las ciudades dejadas atrás,
por sus  medios días, y los tejados que allí atestiguan
el curso de la lluvia.
Por las mujeres que esperan maridos o hijos.
Por los pescadores y los buzos y los estibadores en los muelles.
Recemos por el mar que nos abraza.




La dieta


Come toda la luz que puedas antes del desayuno.
Si tienes ansiedad cálmala con cerveza
y espera, pero sé precavido
pues el tiempo es un cazador ciego.

Durante el almuerzo
traga países como manzanas, continentes completos.
Y toma tu intemperie y viértele mares y ríos y duras calles.
Repite esta rutina como respirar
y siempre cuida tus espaldas,
nunca confies completamente en nadie.

Al cabo de no pocos años
habrás ganado un alma de lluvia,
inundarás las calles, regarás  las cosechas,
te rebasarás y escaparás de ti mismo.
Y tu casa será la soledad y allí aprenderás a amar.

Y te hallarás libre y completo
porque no ardiste lentamente hasta desaparecer
como todo lo que alguna vez ha vivido en este mundo.

Tu camino es otro.
Un beso prolongado.
Una ruta salvaje entre las estrellas.




Dime que has amoblado bien el vacio
que  enterraste mi corazón en la sala
y mi hígado escondido en el mini bar
le hace lentamente el amor a tu ginebra.
Dime que no te molesta mi dispersión
que estas cómoda en la zona cero
bajo el bombardeo constante de mi guerra interna.
Miénteme
dime que nunca caminaste ese desierto blanco
donde se pierde todo lo que amo. 




Norman Paba Zarante - Cartagena 1985 - Estudió  Literatura en la Universidad de Cartagena. Algunos de sus textos han sido publicados en revista de creación literaria nacionales e internacionales. Actualmente realiza estudios en la maestría de Escrituras Creativas de la universidad Nacional en Bogotá en la linea de poesía.