miércoles, 14 de enero de 2015

TRES POEMAS PARA SOBREVIVIR EN BOGOTÁ





Fotografía: César Cano



Hoy 14 de enero, fecha en la que recordamos a dos grandes voces: Juan Gelman y Anaïs Nin, queremos compartir con ustedes el trabajo de creación poética de César Cano, un joven de Armenia - el más joven que hemos encontrado en este caminar poético – al que muchos conocían, menos nosotros. César Cano, el de manos como soles de maíz que amasan el hambre, el de pájaros en los bolsillos, el que nunca aprendió a escribir pero sigue vivo, el que habla del país y de luces negras y de rostros de dios en el jengibre.

No se terminó el año sin que conociéramos a César y su palabra,  tuvimos la  fortuna de  cruzarnos con él a finales del año pasado entre botellas y noches, pudimos escucharlo varias veces.  En un tiempo como este, en el que todos quieren escribir, donde el rótulo de “poeta” se le presta, se le da, se le dice a todo el mundo - se vulgariza -  son muy pocos los  que  apenas comenzando este camino se enfrentan con respeto, trabajo y sinceridad a la poesía,  los que logran quedarse retumbando en nuestras cabezas. 


César con sus tres poemas para sobrevivir en Bogotá se quedo así, como el sonido de una  amable gotera de fuego en  la nuestra.





Tres poemas para sobrevivir en Bogotá y una ñapa
Publicaciones Chirriar Armenia, Quindío.




***



Poema III (o canción del grito subterráneo de los huesos)


Mi mamá es muchas mujeres al tiempo y a veces la veo en la calle
cuando no esperaba verla y está abrazando a otro pelao y yo siento su
calor abrazándome como la noche pero en la noche la policía me mete
a la cárcel y se orina encima de mi rostro y sus orines se confunden
con mi llanto y sé que el amor de mi madre alimenta a su hijo en
juegos de avionetas que se estallan y a mí se me pasa el hambre de tres
siglos en la calle y hay una madre que es mi madre en cada madre y
no es que yo sea un huerfanito sino que todas las mamás son la mía
y antes de morirme de estirar la pata sobre las alas de las moscas
siempre antes de morder los edificios pienso en mi madre que toma
a su hijo y lo salva del mundo que es ese charco de babas y mordidas
negras en mi cuerpo y siempre mi mamá me salva en otro, siempre mi
mamá, siempre con sus brazos de tierra me siembra y me echa agua y
me dice que soy una luz que parece una semilla y me pájaros volando
sobre su voz de tajadas maduras y canciones amarillas
Entonces me luna y me emplumo de algas de mares rompiendo mi
pecho mientras silencio sobre bocas de guayacanes asoliaos
Alucino un idioma de personas libélulas azules volando sobre un
cementerio de ojos que se apagan cuando estoy en mi madre y no me
caigo de mis sueños pero nunca estoy a salvo de las puñaladas que me 
pegan los relojes
Mi madre es cualquier dolor arrancado a palazos
Mi madre es este cielo que se cae sobre mí y me desnuca y me parte
colibríes en los dientes Envuelvo frascos de pegante en hojas de
eucalipto y se las mando a mi mamá para que me perdone por haber
nacido muerto ((no fue mi culpa mamá no fue mi culpa))
Yo cuando estuve viejo me encerré en mi pecho y le puse alas a las
llaves pero el hambre es mi canción el hambre es un nido calientico
El hambre es esas nubes incendiadas que escriben el poema
y mi mamá en otro lado le cose oraciones a las manos del Dios que
tengo entre los ojos para que yo no me queme y esté vivo y la ame
aunque no la tenga aunque este país sea una piedra que me rompe la
cabeza





Fotografía: César Cano





Poema I (o Afilé el sol, salieron chispas e incendié la tarde)


Y solo tengo pájaros en los bolsillos
pero con pájaros no compro panes
Y ahora que está tan jodida la cosa en Colombia
no hay pan que eche a volar el hambre
Solo pájaros, solo plumas que caen de los ojos como lágrimas
»Y una calle interminablemente larga pasa por mi sangre
una calle por donde vagan niños silbando las canciones de su muerte«
Abrí mi pecho como cerrando una puerta
Abrí mi pecho como rompiendo una ventana
Todos los niños de Colombia tenemos unas alas enormes
unos dientes enormes y una boca vacía
Nos sentamos encima de los edificios
y esperamos que nazca nuestra madre
No lloramos, reímos
No nació la muerte donde nos sembraron puñaladas
No nació la muerte cuando nos rompieron los huesos
Nuestro cuerpo es una luna de canciones amarillas
No importa que tengamos las manos y la barriga llena de gusanos
Ayer me cortaron la cabeza y hoy digo que estoy vivo
Nos mataron y nacimos
Nos amarraron con alambre y llovimos púas desde el cielo
Éramos dioses con mocos en la cara
y re©reábamos el mundo con barro y agua sucia

Dijimos Mamá y nacieron las palabras
Dijimos esta noche somos soles y nacimos una fiesta





                                                              Fotografía: César Cano




Poema II (o la piel retorcida de un niño


que es nuestro hijo y nuestro padre)
Pille mis manos, son soles de maíz que amasan el hambre
me las rompí fumando bazuco, las volví aluminio
las hice luces negras sobre el lomo de mi lengua
Porque apenas tenía nueve años cuando me quedé vacío
y me llené de humo y me llené de rabia
No azara que nadie me haya enseñado a echar flores por mi boca
que nadie me haya enseñado a nacer todos los días
Me quedaba muerto y masticaba mi cadáver
Vendía chicles, robaba celulares
Nadie me dijo Niño, sus ojos nubes y sus manos árboles
Sangré sobre este país de hipócritas y amantes
Sangré sobre este país de putas y aguardiente
◊Nunca supe el nombre de mi madre
pero lo escribí con un cuchillo abierto sobre mi piel cerrada◊
Mire, a lo bien que mis manos están agarrotadas de tantas veces
destruir el mundo, de volverlo mierda, de cargarme en él. Mire que
mis manos tienen tanta sed, tanto polvo de oxidarme los huesos. Pero
quiero regalarle este incendio que tengo entre mis manos infantiles
para que queme su dolor y su rutina. Sin mente, écheselo al fuego.
Hágalo con fe. Queme sus ganas de morir y su trabajo. Le regalo este
incendio para que haya luz y vea cómo me revuelco en las ruinas de
las calles que usted camina a diario
Para usted este incendio pequeñito
de pájaros palabras
de sueños y de alas
Regáleme usted un par de ojos
regáleme usted un pan caliente
una moneda

nunca aprendí a escribir
pero estoy vivo




                                                 Fotografía: Colectivo Círculo Poético.


CÉSAR CANO - Armenia, 1994. Estudiante de Licenciatura en español y literatura, universidad del Quindío. 

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