martes, 20 de noviembre de 2012






De todo nuestro soleado mundo
sólo deseo una silla en el jardín
donde un gato toma el sol...

En ella me sentaría
con una carta en el regazo,
una sola carta, breve carta
Así es mi sueño....

Edith Sodergran.





ESPITOLARIO DESDE LA PECERA

Soy un pez
Habitando la pecera de la imaginación
Con el tiempo aprendí a curar mis heridas
Con la sal de la cotidianidad
No conozco el mar
Las corrientes más cercanas que combato
Son los golpes de las palabras
Cuando se agitan entre las  páginas
Las que leo
Las que escribo
Y pinto con mis colores.

Estas cortas  aletas
Han sido suficientes  para alcanzar
Eso que llaman
felicidad
y lo que no han podido  abrazar
lo han hecho mis  grandes ojos
que sin verlo todo
lo han disfrutado todo
la vida
estrecha
o ancha
me ha permitido sorprenderme
Sacudirme
Perder y recuperar el aire.

Soy un pez
Habitando la pecera de la imaginación
Al que hoy le ha dado por escribirle cartas  
A los peces que libres descansan en la eternidad
Ese mar que tanto sueño visitar 
No necesitar  más este pequeño cuerpo
Para viajar
No hacerme más preguntas
Dejar que el recuerdo de quienes amé
Y me amaron   
Floten sobre  las horas que ya no visitaré.

Quizás algún día
Algún extraño
Crea verme navegar  por las páginas de un libro
Y entonces quiera dirigirme una carta.











Debora:
La sinceridad de un encuentro
No  surge cuando se busca,
si no cuando le  corresponde.

Podemos pasar una y otra vez
por la misma esquina,
sin prestarle atención al ciego que pide monedas
y que es dueño del  secreto que nos cambiará la vida.

Recorriste los andenes de mis calles favoritas
Asistiendo  el caos de mis pensamientos
Esas guerras entre el si y el no
Entre el debo y quiero
Entre el sigue y el detente
Y yo dispersa
en la  algarabía  de otros rostros
nunca te vi.

No fueron una,
ni dos, ni tres,
sino mil veces,
las que te atravesaste entre las páginas de los libros que viaje.
Pero siempre muda
invisible,
ausente,
pasaste frente a  la sed de mi conocimiento.

Alguna  vez,
te atreviste a llamarme entre la multitud
reclamandome un abrazo,
pero las bocinas de los autos no me permitieron escucharte.
Sin embargo creí verte,
Soñé verte …

Tampoco ese fue el tiempo

No nos correspondía aún ese abrazo.

Tuve que caminar treinta años
 para por fin encontrarte
deslizarme por los mares de tus trazos
gruesos y brillantes.
Entonces reconocí mis gritos, mis renuncias y mis miedos
en los rasgos negros y pesados de tus personajes.
Mi pasión  colombiana   
Asustada por las balas,
por tanta mezcla de rojos.

Me reconocí en el  latido de un corazón afligidopor el movimiento
de una bandera tricolor cargada por esqueletos.
Encontré  algo de mi soledad en tu soledad
y en esa manera inocente de combatirla
con colores y formas
dibujando  una pista de aterrizaje para los sueños.


Desde entonces
Ando  desprevenida
No espero nada
Para que todo pase. 









Fátima

Valiente Fátima
Fátima de estrellas y de duelos
Mientras tú crecías danzándole  a  Alá
Yo trataba de ordenar una serie de milagros
y costumbres
y  oraciones
Y estigmas
Material del  Jesús en el que me correspondía creer
sin embargo eso no fue impedimento
para descubrir
y descubrirnos
en otros dioses
peregrinar  otras creencias.

Una  corriente de fantasía
inevitablemente  unió un día nuestros vuelos
De tu rostro sólo recuerdo tus ojos
Quienes me revelaron los misterios de tu pueblo
El deseo  de las mujeres de tu casa
Por atravesar  muros y escalar montañas.

Tuve miedo de visitar esos patios de los que me hablaste
Pues mi infancia no tuvo budud  que controlará mis juegos
Ni Amed que custodiara mis puertas
Envidie las historias de una tía
Dueña  de  palabras mágicas
Las visitas escasas  al cine
La fuerza de una madre que se resistía a convertirse en estatua
Esas ventanas prodigiosas que se abrían
Cada vez que te reunías con los  tuyos
 a escuchar las mil y una noches.

A mi me tocó  ser lector y publico a la vez
Dibujar sobre la imaginación para la imaginación
Preguntar y esperar respuestas
Fátima de alas
Fátima de lunas
Aferradas a nuestros sueños
Seguimos viajando
Desde puntos lejanos
construyendo una cometa con nuestros recuerdos
Para colgarnos de su cola
Y  huir de los muros que a veces se levantan
En nuestro pensamiento.

Fátima de luchas
Algunas veces me cansó
Quiero detenerme
¿Te pasa lo mismo verdad?
Algunas veces no queremos amar
Sino que nos amen
No queremos volar
Sino  quedarnos tendidos en un prado fresco
Respirando lento
Esperando que la noche
Tienda sus sorpesas sobre nuestro lecho.





Edith:

Para algunos,
quizás tan sólo fuiste la huella de una huérfana borracha
pidiendo cunchos de atención en las calles de París.
Desequilibrio confundiéndose en el humo de cafetines baratos.
Una silueta lánguida
que parecía romperse con cada portazo de la vida.

Alma en pena sacudida por el llanto de la muerte de un hijo
y la despedida de un amor tras otro.
Nido de tristezas desasiéndose  bajo la lluvia
Para algunos,
quizás FUISTE,
pero para otros: ERES.

Eres esa voz que engendra la belleza genuina de la nostalgia.
La fuerza de un corazón de mujer
 que encontró en el canto la resurrección.
Un día  eterno de juerga
que halló descanso en los aplausos del Olympia.

Esa amiga excesiva que deseamos cargar en el hombro
Ese nombre que nos recuerda
que no hay mejor tumba
que la que nos encuentra despiertos y ocupados
persiguiendo el arte que elegimos
y que un bello epitafio tallado en una lapida 
visitada  por  turistas
no significada nada
si nuestra obra nunca alcanzó a decir nada
si nuestra vida no alcanzó a abrazar  nada.


Diana Carolina Daza Astudillo. 











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